A los hijos del Rock’n’Roll

Acabo de llegar del último concierto que Miguel Ríos dará en Valencia. Por Bye Bye Ríos le descubrí. Por supuesto que ya le conocía pero el rock and roll no es de mi época y no entraba dentro de mis Hits, pero con esta canción me conquistó. Es el primer concierto en el que veo tantos mecheros encendidos. No por falta de entusiasmo en el resto de actuaciones, si no porque desde hace ya muchos años, lo que se encienden son las pantallas de los móviles. Pero claro, el perfil del público era totalmente diferente. De hecho hemos bromeado con el asunto: «Si hasta serán mecheros Zippo y han estado toda la tarde recargándolos con gasolina con toda la ilusión del mundo». En otros conciertos, como los de Miguel Bosé, se ve la diferencia generacional en las gradas. Las más mayores con mecheros y las jóvenes con el móvil. Hoy he querido añadir un poco de tecnología al espectáculo grabándolo todo con mi Iphone 4. «El año 2000» y «Soy antinuclear» ponían la banda sonora a las Blackberrys, Iphones y cámaras digitales que flasheaban al cantante. Contrastes.
Más que a un concierto he asistido a una fotografía. Una radiografía de sociedades, de personas, de épocas. Y he pensado: ¿Dónde están ahora aquellos que gritaban con tanta fuerza? ¿Dónde han dejado las maletas que llenaron de convicciones y miedos para irse a Madrid? ¿Qué ha pasado con aquel espíritu luchador que cargaba contra el poder? ¿Qué ha pasado para que ahora al escuchar Miguel Hernández nadie aplauda, nadie sienta?
He notado el paso del tiempo, cuerpos todavía jóvenes con espíritus lánguidos que no dejan de «mirar por el retrovisor» como dice la canción. Gentes que se fijan más en el ruidito que les hace la cadera por tener que subir escalones gigantes para llegar a las gradas que en el momento vivido y en el significado de lo pasado. ¿Pero es que no se han dado cuenta?
Por eso a tod@s ell@s les diría que por ellos y gracias a ellos la Generación de los ’80 en adelante podemos vivir como vivimos. Por ellos puedo exigir el mismo sueldo que un hombre, por ellos podemos estudiar la carrera que queramos donde queramos, por ellos nos podemos manifestar libremente. Por ellos la decisión de tener hijos es nuestra. Por ellos puedo mirar a los ojos a un militar y no morirme de miedo. Por ellos podemos votar sin coacción. Por ellos «gris» es sólo un color. Por ellos pudimos dar ética en los colegios. Por ellos no hemos nacido para obedecer y por ellos podré poner mi apellido en primer lugar a mis hijos. Tal vez como lo que hicieron es tan grande, nadie nunca se parará uno por uno a darles las gracias. Yo sí: Gracias.