Es lo que tiene el haberse dedicado a la jardinería durante el verano. He tenido que eliminar de la faz del jardín dos avisperos y una telaraña que, probablemente, la araña había tardado todo el invierno en fabricar. Y os aseguro que me da pena. Más cuando pude ver a las avispas en fila, apoyadas en la barandilla, como comprobando su GPS: «¿Aquí vivíamos antes no?» «¿Has mirado bien el mapa?»… Total, que al final tenía a avispas y arañas perdidas, vagando como almas en pena y yo con un sentimiento de culpa cada vez más grande.
Sentimiento que aumentó cuando en la paella twittera del fin de semana pasado, mi amigo JuanRa vino de fumar, se sentó y nos dijo: «Me ha picado una avispa. Pero me he sacado el aguijón y ya está. ¿El postre?». Y yo pensando que alguna fuerza divina le había castigado por salir a fumar. Nada más lejos de la realidad. Me cuenta después que tiene un pacto de «no agresión» con los animales, él no les molesta y ellos tampoco. De hecho dice que por eso no le pican los mosquitos ni nada por el estilo.
En ese momento la conciencia se me removió, entre otras cosas porque si yo voy a un cine de verano, cuando salgo parezco que venga de la isla de Supervivientes… Tanto me hizo pensar que estoy tejiendo una telita para que la araña se encuentre de nuevo… Después buscaré videos en Youtube de cómo hacer un avispero en tres pasos…
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