La coleta bien tirante

No sé por qué hoy me he acordado de cuando me peinaba mi madre para ir al colegio. Ah! Creo que ya lo sé. Porque he tardado muchísimo en peinarme y encima sin un resultado extraordinario. Vaya, que lo que he hecho en diez minutos lo podría haber hecho en uno y luego no correr por la calle para no llegar tarde al trabajo. Y si de la carrerita me despeino, pues no pasa nada, porque para como iba…
A ver, no os penseis que voy como la Bruja Avería, pero es que mi madre me hacía unas coletas de esas bien tirantes, estiradas estiradas y bien altas. De esas que están tan fuertes que, ni te despeinas en todo el día, ni te duermes en clase porque es imposible cerrar los ojos. De hecho las profesoras siempre han pensado que era una chica muy atenta. ¡Qué va oiga! ¡Qué las gomas de mi madre y su súper técnica coletil no me permiten ni cerrar la boca!

Aunque todo esto no es tan bonito, que cada vez que me peinaba se enteraba todo el vecindario por mis gritos. Todo un numerito. Total, que ahora me quedaría calladita calladita con tal de ir peinadísima al trabajo. ¡Y además muy atenta!