Pero se ve que el tema hostelero con esto de los sexos no se lleva muy bien. Primero, cuando era pequeña y pedía agua siempre le ponían el agua a mi padre y la Coca Cola a mí. Y nos las teníamos que cambiar. No pasa nada. Después, y si esto te pasa es tremendo, a veces iba con algún chico que pedía Coca Cola Light y yo normal y la light me la ponían a mí. Que dan ganas de decirle: ¡sin indirectas, que estoy en el Hollywood y me he pedido una hamburguesa doble! Pero te contienes. El tiempo pasa. Y un día vas con tu novio, pides tú la cuenta (este tú lo he escrito adrede para remarcar quién pide la cuenta) y el camarero tiene a bien dársela a tu novio. Es decir, al chico. Esto me pasa constantemente. ¡¿Perdona?! Ah, que mi marido viene de cazar un mamut y es él el que te tiene que pagar. Perdona, es que de estar todo el día en la cueva quitando las manchas de sangre y barro del taparrabos de mi maridito pierdo la noción de la realidad… ¡Pues te va a pagar tu tía! Ah no, tu tío.
¿Cómo tenemos el cerebro organizado? Alguien pide la cuenta y directamente se la dan al chico. Algo hay cultural en la cabeza que nos ronda y en el momento de elegir a quién dar la cuenta, se produce el efecto «ruleta», el cerebro dice: hombre que es quien tiene la pasta, y al chico que va.
Me temo que pasarán años hasta que esto cambie, aunque he de decir que una vez me dijo un camarero: La cuenta para ti que los tiempos están cambiando. Casi le doy un abrazo, eso sí, la propina se la ganó.
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