Fin de semana. Días de cine, de estrenos, de experimentos y de riesgos. Porque a veces lo único bueno que tiene la película es lo que ves en el trailer. Lo sé y lo asumo. A mí me gusta apoyar al cine español porque es verdad que hay películas brillantes como El Orfanato, por ejemplo.
Yo aposté por La daga de Rasputín. Error.
Los actores me gustan porque son de reír y eso también me gusta. Pero de pronto veo en los títulos de crédito que la produce Enrique Cornejo. Sí, os sonará el nombre acompañado a nombre de vedettes y demás. No hacía falta que pusiera su nombre. En cuanto vi el primer escote y el segundo picardias sin sentido… ¡zas! la época del destape y la caspa siguen detrás del telón.
Hubo algunas risas, la verdad, porque son buenos y no seré yo la que diga lo contrario. Pero no creo que haya que enseñar el culo de una rusa para decir que se hace cine español, por favor. Y si además cuidaran las matrículas españolas cuando están en Rusia y ni recorrieran la misma carretera, para arriba para abajo, en Madrid y en Moscú, pues mejor.
