Hacía varios días que por unas cosas u otras, me costaba más de lo habitual conciliar el sueño. Sueño que siempre dicen “reparador”, como la marca de un limpia muebles, dicho sea de paso. Bien, lo cierto es que en una de mis vueltas en la cama, serían las primeras del alba, cuando, al sentarme en la cama para ir al baño, tenía ante mí un paisaje semidesértico: “No puede ser», me dije a mí misma. Y al girarme me di cuenta que la cama y yo en ella, estábamos en ese desolador y abrupto paisaje. El calor era como plomo derretido que se pegaba a todo mi cuerpo. Los labios tenían, como en las películas de desiertos, costras blancas de la sed que, por lo que veía, sería muy difícil de saciar… De repente, me pareció oir el murmullo de agua: “imposible-pensé- será un espejismo auditivo» (aunque creo que eso no existe).
Siguiendo el rumor del agua y tras una suave colina, lo ví. Un gran río y su agua bajando rápidamente. «¡Qué agua más transparente! Me voy a dar un baño», decidí. Pero la toalla la tenía en la otra orilla. Yendo a por ella me desperté bruscamente.
Siguiendo el rumor del agua y tras una suave colina, lo ví. Un gran río y su agua bajando rápidamente. «¡Qué agua más transparente! Me voy a dar un baño», decidí. Pero la toalla la tenía en la otra orilla. Yendo a por ella me desperté bruscamente.
Me di cuenta de que me había convertido en una serie: Crossin Jordan.
Nota: Entrada dedicada a los chistes de «Se abre el telón», a los «negros» y a los chistes que surgen en los viajes. Que tengáis un buen vueling.
