Algunos días de constipado y tardes eternas en el sofá te hacen observar la vida de una manera diferente. Creo que influye la medicación, el atasco nasal, estar flotando entre nubes de kleenex, el calor de la manta (ahora frío, ahora sudor, mucho sudor) y la posición horizontal durante más de tres horas. Claro, la sangre se va hacía un lado y el otro lado se queda entumecido, paralizado. Y creo que todo esto hizo que mirara la tele, ya sabéis, el reflejo de la vida, de una forma más analítica. Por verlo todo siempre deprisa o haciendo mil cosas a la vez, no nos paramos a analizar. Simplemente engullimos imágenes y sonidos y luego ya se apañará nuestro cerebro.
Todo esto lo digo desde mi visión positiva, puesto que como sabéis, me gusta mucho la tele y la consumo muy a menudo.
Estaba en mi trance febril cuando apareció por la pantalla una chica con unos pendientes de más de veinte centímetros de largo y brillantes, muy brillantes. A esto le seguía un escotazo imposible, de esos que quitan el aliento. A unos porque no pueden mirar y respirar a la vez y a otras porque sabemos el esfuerzo de andar tan apretadas y tan rectas tanto rato. Y además intentar ser natural… Para finalizar la vestimenta, la chica se sostenía sobre unos tacones «esguinceros» del mismo tamaño que los pendientes. La clave es combinar. Pero no había salido de mi asombro cuando detrás de ella aparace una chica con esas mismas características sólo que esta era morena. Creo que ambas llebavan extensiones. «¡No entiendo nada! Si es por la mañana y entre semana». Algo hizo que me subiera la fiebre un poco más. Un chico con una camiseta tan apretada que le podía ver las cicatrices. Y los brazos tan separados que para él aplaudir era una tarea imposible. Todos mezclados en un programa de televisión y viceversa…
En mi postura fetal y sólo viendo por un ojo porque el otro no paraba de llorarme, pensé que tal vez los abalorios: pendientes, tacones, cinturones, piercings, etc… son el reflejo del estado primitivo más puro del ser humano. (Cada uno cuando está constipado piensa lo que quiere…). Me explico. En este programa donde lo que se hace es cortejar a la posible pareja, se enseña toda la artillería, como los pavos reales con sus plumas. Puede ser que cuanto menos tengas que decir, más cosas te pongas encima. Es decir, el tamaño de los abalorios son inversamente proporcionales al de conversación. Y no es un alegato en contra de los pendientes grandes, que también me encantan, sino que todo junto es una exageranción que deja en entredicho el buen gusto de aquella o aquel que lo lleva. Si hasta Carmen Lomana, que tiene para ponerse todo lo que quiera y más, sabe que o pendientes largos o collar. ¡Todo junto no! Si es un concepto básico, por favor.
Total, que esta es mi tesis bajo los efectos del paracetamol. Después me puse las gafas de sol para poder seguir viendo el programa con tanto brillo y creo que me dormí.
