No sé por qué pero a la gente le gusta contarme sus cosas, no sé si es porque se quieren desahogar o porque quieren que lo denuncie en ¡A mi blog vas!, que para eso está.
El caso es que en muy pocos días me han ido contando historias del mundo laboral inahuditas e increíbles y, cuanto menos, vergonzantes para el ser humano.
Por todos es ya conocido el famoso briefing en una servilleta que muchos publicistas y diseñadores hemos sufrido. El jefe sube y te dice: «He tenido una reunión (en un bar a la hora del almuerzo, con bocadillo de atún con aceitunas incluido. Las manchas del documento/servilleta así lo indican), y esto es lo que queremos». Y te da la servilleta aceitosa del Piko’s Bar. A partir de ahí todo es posible en el mundo de la comunicación.
Con lo que me han ido contando he descubierto que hay gente que continua aferrada al fax cuando todo el mundo sabe que ha pasado de ocupar los mostradores de recepción a ocupar el cuartito de la limpieza. También he sabido que la comunicación entre generaciones separadas es practicamente imposible. Un amigo el otro día se tiró de los pelos intentando explicarle a su jefe que le tenía que enviar varios mails porque pesaban mucho. «¿Cómo que pesan? ¿Eso qué significa? Porqué no te dejas de tonterias y me lo envías por fax» (…). Y, para colmo, otra persona me contó que no hay forma humana de que su jefa entienda que no es lo mismo la versión impresa de un periódico que la digital. Y que le exige que busque en el periódico de papel tal noticia urgente que ella lo ve perfectamente en la web.
Y todo ello aderezado con unas gotitas de prepotencia: yo lo he hecho así toda la vida y para qué vamos a cambiar.
¡Abueeelo, que las cosas cambian, que hay que adaptarse! Poquito a poquito las cambiaremos, ya se lo digo yo.
El caso es que en muy pocos días me han ido contando historias del mundo laboral inahuditas e increíbles y, cuanto menos, vergonzantes para el ser humano.
Por todos es ya conocido el famoso briefing en una servilleta que muchos publicistas y diseñadores hemos sufrido. El jefe sube y te dice: «He tenido una reunión (en un bar a la hora del almuerzo, con bocadillo de atún con aceitunas incluido. Las manchas del documento/servilleta así lo indican), y esto es lo que queremos». Y te da la servilleta aceitosa del Piko’s Bar. A partir de ahí todo es posible en el mundo de la comunicación.
Con lo que me han ido contando he descubierto que hay gente que continua aferrada al fax cuando todo el mundo sabe que ha pasado de ocupar los mostradores de recepción a ocupar el cuartito de la limpieza. También he sabido que la comunicación entre generaciones separadas es practicamente imposible. Un amigo el otro día se tiró de los pelos intentando explicarle a su jefe que le tenía que enviar varios mails porque pesaban mucho. «¿Cómo que pesan? ¿Eso qué significa? Porqué no te dejas de tonterias y me lo envías por fax» (…). Y, para colmo, otra persona me contó que no hay forma humana de que su jefa entienda que no es lo mismo la versión impresa de un periódico que la digital. Y que le exige que busque en el periódico de papel tal noticia urgente que ella lo ve perfectamente en la web.
Y todo ello aderezado con unas gotitas de prepotencia: yo lo he hecho así toda la vida y para qué vamos a cambiar.
¡Abueeelo, que las cosas cambian, que hay que adaptarse! Poquito a poquito las cambiaremos, ya se lo digo yo.
