El Corte Chino

Lo sabemos, los chinos nos llevan la ventaja en muchas cosas. Aunque creo que son asuntos en los que no nos queremos parecer: trabajan muchas horas, son bajitos, nada escandalosos, demasiado moderados para mi gusto y ponen unas posturas muy raras cuando se hacen fotos. Que los ves y lo tienes claro: «En cuanto revelen (o descargen) estas fotos les sale fijo por detrás la niña que anda haciendo el puente por la escalera».
Pero ellos, al ser tantos, no se pueden quedar parados. Si no morirían aplastados. Y como la creatividad no da para todos, llega a duras penas para unos elegidos por sus malos comportamientos en un pasado no muy lejano… pues tienen que copiar. ¡A copiar como cosacos! (¿Por qué empleamos esta expresión como si los cosacos lo hicieran todo a lo bestia: comer, beber, etc?).
Por eso los chinos tienen ciudades dedicadas íntegramente a la copia de cosas: peluches, bolsos, zapatos, móviles…todo. Tengo un amigo que se fue solo y volvió con un hermano gemelo. Dice que fue a buscarlo porque los habían separado de pequeños, pero yo estoy convencida que fue allí a pedir la copia de sí mismo y se vino con él. Lo sé.
Y como su territorio se les queda pequeño vienen aquí y siguen copiando. No lo pueden evitar. Y por eso en Castellón ahora hay un fabuloso «El Corte Chino» y en muchas ciudades ya existe el supermercado «Mercachina«, de verdad.
El asunto es que el famoso Corte Chino ha tenido que ampliar el espacio a más del doble, debido a la afluencia que tiene todos los días de la semana. Ha pasado a ser el punto de encuentro de familiares y amigos que charlan mientras eligen gangas a tres euros… xiè xiè