¡Pues no me imagino como sería yo sin haber viajado! Porque por muy cosmopolita que quiera ser, si en una ciudad hay algo que no se hace, no se hace y punto! Cambiar las costumbres no se consigue de un día para otro ni depende de una sola persona. Y menos de alguna persona poco consciente del cambio que quiere realizar.
Y cuento esto sabiendo que me atropellarán por la calle justo después de eschucar un «triin triin» metálico y dispuesta a admitir las quejas de amigos como Álvaro, gran fan de bicicling.
Me refiero a las bicis y los «biciclistas» como diría aquel. Cuanto más paseo por las ciudades más me doy cuenta de que: las bicicletas son para el campo…o para Holanda (como le increpé el otro día a un chico que iba en bici y que había tenido a bien apollarla en el contenedor de basura para que nadie pudiera ni acercarse al contenedor, a pesar de ir cargada hasta arriba con bolsas, como iba yo).
Porque ¿quién decide ir en bici? ¿Ellos o yo? Ellos. Pues yo no quiero que me atropellen porque van por encima de la acera o ir a menos 3 por hora con mi coche por la carretera porque una «colla» de tres van haciendo zig-zag por una carretera bien estrecha.
Las bicis son un gran invento y muy ecológico pero hace falta pulir a los que las conducen. No somos perfectos supongo…
