¿Cómo sería abrir un libro de recetas y con sólo desearlo, que el plato apareciera en tu mesa?
Este veranito de sol, calor, terraza y manguera, estoy dedicando parte de mi tiempo a cocinar. Mar, nuestra seguidora 50 y mi vecina, es de esas personas que controla tanto el tema culinario que pone las cantidades sin pesar, porque sólo a ojo ya sabe cuanto es. En cambio yo, haciendo gominolas en la Thermomix, vacié y llené más de tres veces seguidas la jarra porque me pasaba siempre 10 cl de agua. Vuelta a empezar. Al final me salieron buenísimas y he tenido que repartir. ¡Porque no se iban a quedar en mi casa 1 kg de golosinas! Que en verano las noches son muy largas…
Ya véis que nos estamos dedicando al tema light: nubes, golosinas, hoy patatas rellenas con jamón y queso y de postre strudel. ¡Para qué decir!
Y esta actividad nos ocupa tardes ojeando libros de cocina y rellenando listas de la compra. Ayer a las 11 de la noche yo acababa de cenar mi verdura al vapor y ella de pasarnos un plato de paella hecha con romero y con todo bien buena. Volvimos a revisar nuestro libro para ver qué hacíamos un día de estos, y allí, babeando que estábamos, pensamos cómo sería decir: «quiero estas tartaletas de cebolla caramelizada con queso de cabra» (las hacemos mañana, para quien se quiera apuntar), y que aparecieran emplatadas delante de ti…
Casi mejor que haya que manufacturarlas porque si no ahora mismo tendría al lado del teclado el strudel que le he suplicado a mi vecina que se pasara a su casa… ¡¿Por qué?!
