Sin contar con internet, a las ciudades y a los países se nos conoce en parte por aquello que exportamos: artistas, gastronomía, fiestas, etc. Y estos días los valencianos nos estamos cubriendo de gloria. Creo que deberíamos patentar una figura que, a modo de controlador, decida qué se exporta y qué se queda en casita. O mejor, en una cueva o en un garaje, en un escondite, vamos.
Primero abrimos boca con el valenciano o «tete» más famoso de la tele, el musculado Rafa que lleva buscando el amor año y medio. Cuando estaba con amigos que no eran de aquí les intentaba explicar que eso era una minoría. Pero claro, resulta que en Eurovisión el tal John Cobra es de aquí también. ¿Ahora qué? Bueno, puedo decir que es un caso aislado y que ni sabíamos que era vecino…
Y cuando ya creo que puedo intentar dejar el pabellón valenciano alto y limpiar un poco nuestra reputación de festeros, ruta del bacalao, etc… resulta que el presidente de esta comunidad, no la de vecinos, sino de la autonómica, declara que en su cuenta sólo tiene 900 euros y para desplazarse usa un Saab más viejo que un carromato. Una de dos, o es un manirroto de narices porque una persona que ha trabajado tantos años y con su sueldo debe haber despilfarrado mucho para quedarse así. O nos está engañando a todos. Ninguna de las dos opciones son explicables.
Creo que mi campaña por mejorar la imagen de Valencia cae en saco roto mientras la continúen bombardeando personajes así. En fin…
